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Full text of "Santos e meigas, idilio campesino : zarzuela en un acto y tres cuadros"

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9945 
MANUEL  LINARES  RIVAS 


SANTOS  E  MENSAS 

._ 

IDILIO  CAMPESINO 

©n   un   acto  y  tres   cuadros,    original 


MÚSICA  DE  LOS  MAESTROS 


LLEÓ   y  BALDOMIR 


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Copyright,  bv  Manuel  Linares  Riuas,  1908 


SOCIEDAD  DE  AUTORES  ESPAÑOLES 
Núñez  de  Balboa,  12 

1S08 


v 


Digitized  by  the  Internet  Archive 
in  2013 


http://archive.org/details/santosemeigasidi3046lleo 


SANTOS  E  MEIGAS 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  po- 
drá, sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en 
España  ni  en  los  países  con  los  cuales  se  hayan  cele- 
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duction  reserves  pour  tous  les  pays,  y  compris  la  Sué- 
de,  la  Norvége  et  la  Hollande. 


SANTOS  E  MEIGAS 

IDILIO  CAMPESINO 

ZARZUELA 

en    uir»   acto   y  tres   cuadros 

ORIGINAL  DE 

MANUEL  LINARES  RIVAS 

música  de  los  maestros 


Estrenada  en  el  TEATRO  DE  LA  ZARZUELA  la  noche  del 
11  de  Febrero  de  1908 


-#- 


MADRID 

&    VELAECO.  IMP.,  MABQOáS  DB  SANTA  ARA,  U  OVP,0 

Teléíono  número  551 

1908 


Para  D.  Jacinto  Felipe  Picóii 

Cu  ieóíitHOutó  de  aunátcLa  u  de  aata- 
aectPHÍeuio  le  dedica  eí  eyCiió  de  SANTOS 
E  MEIGAS,  eu  due  lautóá  afaueá  fiuáe, 
<ju  cóYtaáe  fiieóeute  u  coiavoiadói  r-utuió, 

^/a/ío/b  ^L//iares  J%/vas. 


REPARTO 


PERSONAJES 


ACTORES 


MARI-PEPA Srta.  Pino. 

CARMINA Maldonabo, 

VICENTA , Sra.    Alba. 

ANTONIA Seta.  Pastor. 

UNA  VIEJA Sra.    Camarera. 

OTRA  VIEJA Alcázar. 

MOZA  1.a Srta.  Sanz. 

ÍDEM  -¿* ....... ,  Guzmán. 

RAMÓN Sr.       Güell. 

JOSÉ . , , Rlfart 

MIGUEL .. ....  González 

FULGENCIO | Tojkdo. 

CURA , Caba. 

AMBROSIO ... ........  Agulló. 

JUANÓN Galerón. 

PASCUAL Ballestee. 

MOZO  1.° N.  N. 

Coro  general 


La  acción  en  Galicia. — Época  actual 


Derecha  é  izquierda,  las  del  actor 


Se  suplica  que  do  hablen  en  gallego  teatral,  sino  con  na- 
turalidad. 


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ACTO  ÜNICO 


CUADRO  PRIMERO 

Una  plaza  de  aldea  en  Galicia.  Al  foro,  montaña.  A  la  derecha,  seto  y 
camino.  A  la  izquierda,  la  iglesia.  Al  foro  un  crucero  de  piedra. 
Es  por  la  tarde.  Cruz  en  el  centro  de  la  escena. 


ESCENA  PRIMERA 

MARI-PEPA,  ANTONIA  y  MOZAS  1.a  y  2.a  con  grandes  haces  de  ra- 
mas verdes,  esparciéndolas  desde  la    iglesia    al    sendero.    PASCUAL 
con  una  carretilla,  llena  de  ramas  también,  sentados   en    el   crucero, 
dos  Viejos  y  varias  Mozas  y  Mozos 

M.  Pepa       Trae  ramas,  Pascual.  (1) 

Pas.  (Tirándolas.)  Así  terminamos  antes. 

M.  Pepa       Para  que  sean  agradecidas  en  el  cielo,  han 

de  caer  á  tierra  por  nuestras  propias  manos. 
Pas.  Pamplinas,  Mari-Pepa.1    r 

M.  Pepa      No  te  preguntan:  calla  y  recógelas,  y  trae 

más. 

(Pascual,  después  de  entregárselas,  mutis  por  la  dére 
cha  con  la  carretilla.)  .  . 


(l)      Pascual— Mari-Pepa-- Antonia— Mozas'  J.a  y  2.£ 

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ESCENA  II 

DICHAS:  CARMINA    por    la  derecha  seguida  de  una  Muchacha  que 
lleva  en  la  cabeza  una  gran  cesta  de  flores 

Car.  Buenas  tardes.  (1) 

M.  Pepa      Nos  dé  Dios...  ¿vienes  con  ofrenda? 

Car.  Vengo. 

M.  Pepa      ¿Y  qué  pides? 

Car.  Que  la  Virgen  y  los  santos  me  conserven  lo 

que  otras  no  tienen. 

M.  Pepa       Contestas...  y  de  paso  arañas. 

Car.  Por  si  había  malicia. 

M.  Pepa      No  la  había. 

Car.  Pues  dispensa. 

Ant.  ¿Y  cuándo  es  la  boda  con  Ambrosio? 

Car.  ¿^on  Ambrosio? 

M.  Pepa       Supongo  que  no  te  casarás   más  que  con 
uno... 

Car.  Supónlo,  sí...  (a  Antonia.)  El  domingo  la  pri- 

mera amonestación. 

M.  Pepa      Pues   echa  flores,  que  por  tu   camino  vas 
echando. 

Car.  Estas  son  para  la  Virgen.   Voy  á  entrar  á 

dejarlas.  (2) 

M.  Pepa      Entra...   ¡y  que  Mayo  te  dé  un  buen  ma- 
rido! 

Car.  Puede  ser...  que  Mayo  es  el  mes  que  trae  las 

flores,  y  el  que  trae  los  amores. 

M.  Pepa       Y  el  que  los  lleva  también. 

Car.  También... 

Ant.  ¿Pero  en  tí?... 

Car.  Los  trae. 

M.  Pepa      Mejor  para  tí.  ¡Que  Mayo  te  guarde,  Carmi- 
na! Amén. 
Car.  Amén,  y  á  vosotras. 

lis       i  ¡Amén! 


(1)  Muchacha— Carmina— Mari- Pepa— Antonia— Mozas  1  a  y  2.a 

(2)  Mari-Pepa— Antonia— Muchacha— Carmina— Mozas  1.a  y  2. 


-.    9  — 

(Carmina  se  dirige  á  la  iglesia:  en  la  puerta  coge  unas 
ramas  de  la  cesta  de  la  muchacha  que  la  sigue,  las 
tira  cuidadosamente  al  suelo,  se  persigna,  y  cubrién- 
dose la  cabeza  con  el  mantón  entra.) 


ESCENA  III 


DICHAS,   menos   CARMINA 


Moza  1.» 
M.  Pepa 

Ant. 


M.  Pepa 
Ant. 

M.  Pepa 
Ant. 
M.  Pepa 
Ant. 


M.  Pepa 


Ant. 

Moza  1.a 
M.  Pepa 
Ant. 
M.  Pepa 
Moza  1.a 
M.  Pepa 
Ant. 


Más  orgullo  tiene... 

Déjaselo,  que  eso  es  de  lo  que  cae  solo. 

Si  fuera  como  debía  ser  no  se  casaría  con 

Ambrosio,  el  hijo  del  señor  Secretario,  si  no 

con  José. 

¡No  hubo  nada  entre  ellos! 

¿Es  mentira  que  el  José  entraba  todas  las 

noches  en  casa  de  la  Carmina? 

¡Sí! 

Puede  que  fílese  á  robar...  todas  las  noches. 

José  no  es  ladrón. 

Pues  si  él  no  era  eso,  ella  era  lo  otro...  Le 
acusaron  del  robo  porque  al  padre  de  Car- 
miña  le  tenía  más  cuenta  tratarle  de  ladrón 

que  de  novio. 

¡Fué  una  judiada!...  ¡y  una  judiada  mayor 
como  le  prendieron!  ¡Sin  respetar  ni  la  reli- 
gión!... ¡Iba  como  un  santiño  llevando  las 
andas  de  la  Virgen  y  allí  mismo  le  echaron 
la  garra! 

Ya  va  para  tres  años... 
Dicen  que  anda  huido  por  las  Américas. 
¡Pobre!... 

Es  mucha  lástima  la  tuya. 
¡Calla!... 

¿Amoriño,  Mari-Pepa? 
¡Calla,  te  digo! 

No  te  enfades,  mujer,  que  con  eso  no  lo 
ocultas. 


**  10  — 
ESCENA  IV 

DICHOS  y  RAMÓN,  por  el  foro  izquierda 

Kam.  Santas  y  buenas,  rapazas...  (1) 

Ant.  En  lo  de  santas,  para  usted  no  tendrá  reme- 

dio, tío  Ramón. 

Ram.  Pongamos  que  no  lo  tiene,  hija. 

M.  Pepa      Y  en  lo  de  buenas,  Mayo  las  da. 

Raw.  Como  tú  lo  dices... 

Ant.  Pero  no  habrán  sido  todas  lo  mismo.  En  sus 

mocedades  cuentan... 

Ram.  Regular,   hija,    regular.  Hice   todo  lo  que 

pude...  y  á  veces  más... 

Moza  1.a     Y  ahora... 

Ram.  Lo  que  puedo...  y  á  veces  menos.  Pero  an- 

tes... ¡ay,  antes!  Tu  abuela  me  llamaba  des- 
vergonzado. 

Ant.  ¿La  abuelita? 

Ram.  Antes  de  serlo...  bastante   antes.  Me   tiene 

dado  más  cachetes... 

Ant.  ¿Merecidos? 

Ram.  Merecidos,  hija,  (a  Maii-Pepa.'  Tu  madre,  que 

era  muy  guapa... 

M.  Pepa       ¿También  le  ha  pegado? 

Ram.  No,  fué  tu  padre.   ¡Y  sin  razón!   Se  lo  dije 

siempre:  á  un  amigo  como  él  no  le  hubiese 
negado  la  verdad. 

Ant.  Usted  lo  que  tiene  es  la  lengua  muy  larga... 

Ram.  Algún  mérito  hemos  de  tener  los  pobres. 

Moza  1.a     Pero  ya  las  pagará  todas  juntas. 

Ram.  Eso  me  consuela,  porque  aún  no  las  he  re- 

unido. 

Ant.  En  cuanto  se  case,  que  la  tía  Basilia,  la  no- 

via, gasta  un  genio... 

Ram.  Es  tan  simpática... 

Ant.  La  casa  en  que  vive  es  suya. 

Moza  1.a     Y  dinero  escondido. 

Ram.  Ya  os  lo  he  dicho:  tan  simpática. 


(l)      Mari-Pepa— Antonia— Ramón— Mozas  1.a  y  2.8 


—  II  — 

M.  Pepa       ¡Pero  setenta  y  tantos  años!... 

Ram.  Ese  es  mi  temor:  que  va  á  durar  muy  poco. 

M.  Pepa       Quién  sabe. 

Ram.  ¡No  me  intranquilices  sin  necesidad!...  Con 

vuestro  permiso,  ¿eh?  Voy  á  ver  si  está  en 
la  iglesia  don  Fulgencio. 

Ant.  Siempre  detrás  del  señor  Secretario. 

Ram.  Mi  obligación.  Oficial  del  Ayuntamiento  con 

seis  mil  realillos  casi  seguros... 

M.  Pepa       Así  tiene  usted  de  envidiosos. 

Ram.  El  inconveniente  de  las  posiciones  sociales. 

Moza  1.a     En  la  iglesia  no  está. 

Ram.  Me  alegro.  Cuanto  más  retrase  la  noticia... 

M.  Pepa       ¿Es  mala? 

Ram.  Para  tí  tampoco  es  buena. 

M.  Pepa      (cogiéndole  ansiosa.)  ¿Que  ha  vuelto  José?  (1) 

Ram.  (Asombrado.)  ¿Lo  sabías? 

Ant.  Lo  deseaba. 

Ram.  Y  como  presumo  que  vendrá  por  Carmina... 

M.  Pepa       ¿Por  ella? 

Ram.  Claro;  por  tí,  sería  buena  noticia  para  tí. 

M.  Pepa       ¡No!... 

Ant.  ¿Vas  á  negar  aún  que  le  quieres? 

M.  Pepa       ¡Sí,  lo  niego,  lo  niego,  lo  niego! 

Ram.  Tres  veces,  como  San  Pedro.  Sólo  nos  falta 

que  cante  el  gallo...  Pero  en  fin,  por  gallo 
que  no  se  quede  el  asunto  en  el  aire:  aquí 
estoy  yo... 

M.  Pepa       Gracias,  no  es  tan  urgente. 

Ram.  Y  cuando  tengas  algún  querer  no  corres- 

pondido vete  á  San  Cristóbal,  que  San  Cris- 
tóbal ya  le  ha  dicho  á  muchas  cómo  se  cu- 
ran los  males  de  amor. 

M.  Pepa       ¿Y  cómo? 

Ram.  Dispensa...  que  te  lo  diga  él.  Yo  no  quiero 

competencias  con  los  Santos. 


(i)      Antonia— Mnri-Pepa— Ramón— Mozas  1.a  y  2.a 


—  M  — 
ESCENA  V 

DICHOS  y  el  CURA,  de  la  iglesia,  con  sotana  y  solideo 
(JURA  Buenos  días.  (1)  (Las  Mozas  le  hesan  la  mano.) 

Ram.  Buenos  días.  ¿Y  del  ama  hay  mejores  nove- 

dades, señor  Abad? 

Curv  Mejores,  muchas  gracias. 

Ram.  ¿Fué  hidropesía,  verdad? 

Cura  Eso  dicen  los  señores  facultativos  de  San- 

tiago. 

Ram.  Creo  que  le  es  mala  enfermedad  porque  sue- 

le repetir... 

Cura  Cuando  Dios  lo  consiente... 

M.  Pepa  ¿Y  es  cierto  lo  del  indiano,  que  mandó  de- 
cir cuatro  misas  por  el  alma  de  sus  dif  un  tos 
á  mil  reales  cada  una? 

Cura  Mandó,  mujer,  mandó. 

M.  Pepa      ¿Y  las  dijo? 

Cura  Dije. 

Ram.  Así  caen  pocas,  señor  Abad. 

Cura  Pocas. 

Ram.  Esas  son  misas  que  deben  hacer  temblar  el 

Purgatorio... 

M.  Pepa  Vaya  que  á  las  ánimas  de  los  ricos  les  ha  de 
ir  bien  por  el  otro  mundo,  señor... 

Cura  Igual  que  á  todas.  Y  no  estropeéis  vuestra 

obra  con  palabrerías  ociosas...  trabajad,  tra- 
bajad. 

Ant.  (Marchando,  á  Mari  Pepa.)  Echa  ramas,  echa  ra- 

mas... Ya  tienes  quien  las  pise... 

M.  Pepa  (Marchando.)  ¿Tú  tienes  quien  las  recoja?... 
Mejor  para  tí.  Pero  si  algún  día  desprecian 
tu  cariño,  ya  verás  qué  pronto  secan  las  ra- 
mas que    tireS   al   SUelo.  (Mutis  las  cuatro  por  la 


\\)      Antonia— Mari-Pepa— Ramón  -Cura  —Mozas  1.a  y  2 


a 


—  1.1  — 
ESCENA  VI 

RaMÓN  y  el  CURA  (l) 

Ram.  Diga  usted,  señor  Abad,  la  cantidad  de  li- 

mosna, ¿influye  en  la  calidad  de  la  misa? 

Cura  ¡No,  hombre,  no! 

Ram.  Entonces,  ¿qué  diferencia  hay   entre  una 

misa  de  á  peseta  y  una  de  mil  pesetas? 

Cura  Novecientas  noventa  y  nueve. 

Ram.  ¿Para  las  ánimas? 

Cura  No,  para  mí. 

Ram.  ¡Ah!... 

Cura  ¡Y  dejemos  ese  camino,  que  resbala!  Tío  Ra- 

món, ¿usted  sabe  si  consignaron  en  presu- 
puesto esa  partidita  qiie  me  concedió  don 
Fulgencio  para  levantar  los  muros  de  la 
iglesia? 

Ram.  Sí,  señor.    * 

Cura  Lo  malo  es  que  no  llegue  para  toda  la  obra. 

Voy  á  ver  si  desde  el  pulpito  logro  excitar 
la  caridad  de  mis  buenos  feligreses... 

Ram.  Hay  que  excitarles,  ¿eh? 

Cura  Ya  pongo  los  medios.  Para  todo  el  que  con- 

tribuya con  sus  limosnas,  ha  concedido  el 
señor  Arzobispo  cien  días  de  indulgencia. 

Ram.  ¡Cien  días!... 

Cura  Ha  sido  un  triunfo,  ¿eh? 

Ram.  Sí,  sí...  pero...  ¿por  qué  no  animó  usted  á  su 

Ilustrísima  para  que  diera  la  mitad  en  di- 
nero?... 

Cura  Tío  Ramón... 

Ram.  Con  esta  manía  de  los  obreros  de  querer  co- 

brar siempre  en  cuartos,  hay  que  espabilar- 
se mucho,  señor  Abad. 

Cura  ¡Qué  remedio!...  La  impiedad  nos  gana. 

Ram.  Peor  era  antes,  que  nos  perdía. 

Cura  Eso  quise  decir. 

(l)      Ramón— Cura. 


14 


Ram.  Dígalo,    dígalo...  entre   nosotros  hay    con- 

fianza. 
Cura  Esas  lecturas  perniciosas...  esa  licencia  de 

Costumbres...  (Mutis  por  la  iglesia.) 


ESCENA   VII 

RAMÓN,  DON  FULGENCIO,  AMBROSIO,  PASCUAL,  JUAKÓN  y  MO- 
ZOS por  la   derecha 

Ram.  (Apresuradamente.)  ¡Don  Fulgencio!  ¡Don  Ful- 

gencio! José  há  vuelto.  (1) 

Ful.  Bien. 

Ram.  Y  unos  cuantos  mozos  han  ido  al  mesón  del 

Viento  á  buscarle. 

Ful.  Bien. 

Ram.  ¿No  le  importa  á  usted? 

Ful.  No.      .    ' 

Ram.  Pues  usted  perdone... 

Ful.  Bien.  ¡Ah!...  ¿Qué  majadería  es  esa  que  me 

contaron? 

Ram.  ¿De  usted,  señor  Secretario? 

Ful.  De  usted. 

Ram.  Lo  ignoro... 

Ful.  Que  se  casa  usted.  ¿Y  con  qué  va  usted  á 

mantener  á  su  futura? 

Ram.  El  proyecto  es  que  me  mantenga  ella. 

Ful.  ¿Será  vieja? 

Ram.  .  Basilisa  Fernández. 

Ful.  ¿Y  carga  usted  con  ella? 

Ram.  Alguna  desventaja  había  de  tener  mi  pro- 

yecto. 

Ful.  Da  usted  prueba  de  valiente...  pero  así  y  to- 

do, tendrá  usted  que  cerrar  los  ojos  en  la 
iglesia. 

Ram.  Pienso  llevarlos  cerrados  desde  casa... 

Ful.  Usted  sabrá...  Vamos,  hijo. 

Amb.  VamOS,  padre.  (Mutis  iglesia  Ramón,  Fulgencio,   y 

Ambrosio.) 


(l)      Pascual— Juanón— Ambrosio  Fulgencio— Ramón. 

y  Mozos  en  un  grupo. 


—  16  — 


ESCENA  VIII 

JUANÓN,  PASCUAL  y  VICENTA  por  la  derecha,  con  ramas  y  flores; 
después  MARI-PEPA,  ANTONIA  y  MOZAS  1.a  y  2.a 

Pas.  (cortándole  el  paso.)  ¿A  dónde  va  la  bruja?  (1) 

Vía  El  brujo  lo  serás  tú,  hijo  de  buena  mujer. 

Pas.  (Amenazándola.)  ¡Tía  Vicenta! 

Vic.  ¿Por  qué  te  enfadas,  hombre?  ¿No  es  ver- 

dad? 

Jua.  ¿Y  este  sábado  se  reunieron  ustedes  mu- 

chas? Las  escobas  galopaban  firme,  tía  Vi- 
centa. 

Vic.  Qué  bromista  eres,  Juanón...  Sales  á  tu  pa- 

dre. 

Jua.  Bien  merece  quien  á  los  suyos  se  parece. 

Vic.  Sobre  todo  cuando  uno  lo  sabe  de  fijo. 

Jua.  ¡Como  yo! 

Vic.  Como  tú,  hombre, como  tú...  ¿quién  lo  duda? 

Pas.  A  usté  la  tendrá  sin  cuidado  que  haya  Pur- 

gatorio, ¿eh?...  Porque  á  usté  la  facturan  di- 
rectamente para  abajo. 

Vic.  Tú  eras  más  parado,  pero  desde  que  te  ca- 

sastes... 

Pas.  Suerte. 

Vic.  Ya    puedes    bendecirla,   ya...   Un   padrino 

como  don  Justo  les  cae  á  pocas  mujeres. 

Pas.  Es  un  hombre  de  bien. 

Vic.  Más  que  de  bien,  de  bienes... 

Pas.  No  sobra. 

Vic.  Para  repartir,  claro  que  no... 

Jua,  ¿Y  esto?    (Por    el   puñao    de    xamas  que  trae  en  la 

mano.) 

Vic.  Esto  es  la  ofrenda  mía... 

Jua.  ¿Para  la  Virgen? 

Pas.  ¿De  una  bruja?  ¡Ca!  la  Virgen  no  las  quie- 

re: dámelas. 


[1)  Mozos  Mari-Pepa— Antonia— Mozas  1.a  y  2. 

Vicenta- -Pascual— Juanón. 


—  16  — 

Vic.  No.  (1) 

Jua.  ¡Tráelas! 

Vic.  ¡Son  mías! 

Pas.  [Fuera  de  ahí,  bruja! 

VlC.  ¡No!  (Desprendiéndose  de  Pascual  que   quiere  quitár- 

selas.) 

JüA.  (Aprovechando  el   momento,    por    detrás   de  Vicenta 

tira  de  las  ramas  y  las  pisotea  riéndose  y  burlándose.) 

¡Esto  es  lo  que  merecen! 

VlC.  (intentando  recogerlas,  los  Mozos  la    empujan  y  cae  ) 

¡Mala  sangre  os  coma,  descastados! 

PAS.  (Amenazándola  con  el  pie.)  ¡A  ver  SÍ  te  aplasto  á 

tí,  mala  vieja! 

M.  Pepa  No  la  hagáis  daño,  que  eso  no  está  bien,  (se- 
parándolos.) 

Vic.  ¡Pillos,  bribones!  (2) 

Pas.  Y  que  traerían  maleficio  para  secar  todas 

las  otras. 

Jua.  Más  fijo  que  el  sol. 

Pas.  Anda  y  que  se  pudra,  (coge  del  brazo  á  Juanón 

y  con  los  otros  Mozos  entran  en  la  iglesia.) 

Vic.  ¡Pillos,  bribones!  (3) 

Ant.  ¿Para  qué  vienes  con  embustes?  Tú  no  rezas 

más  que  á  la  Virgen  negra. 

Moza  1.a     0  al  demonio  encarnado. 

Vic.  De  los  dos  colores  sois  vosotros.  Encarnada 

la  piel  y  negra  la  entraña. 

Ant.  ¿Para  qué  eres  bruja? 

Vic.  No  lo  soy. 

M.  Pepa       Vamos,  dejadla  en  paz. 

Ant.  ¿Es  mentira  que  le  quitaste  la  leche  á  la 

vaca  del  tío  Lucas? 

Vic.  ¡Mentira! 

Moza  1.a     ¿Es  mentira  que  le  secaste  los  prados? 

Vic.  ¡Mentira! 

Ant.  ¿No  estuviste  á  la  puerta  de  la  señora  Fran- 

cisca el  víspera  de  morírsele  el  hijo?... 


(1)  Juanón— Vicenta— Pascual— Mari-Pepa— Antonia— Moza    1.a  v 
Meza  2.a 

(2)  Vicenta  —  Mari-Pepa  —  Juanón  — ^Pascual  —Antonia— Moza   1.a 
y  Moza  2.'k 

(3)  Mari-Fepa— Vicenta— Antonia— Mozas  1.a  y  2.a 


17 


Vic. 

Ant. 

Vic. 

Ant. 

Víc. 

Moza  1.a 

Moza  2.a 

Ant. 

Vic. 


M.  Pepa 
Ant. 


Vic. 

Ant. 

Vic. 


Ant. 

Vic. 


M.  Pepa 
Vic. 


Estuve... 

¿Y  no  murió? 

Murió... 

¿Entonces  por  qué  lo  niegas? 

Quiso  Dios  que  muriera. 

Tú! 

Tú! 

Tú,  que  le  hiciste  mal  de  ojo! 
¿Yo?...  Y  si  yo  puedo  perder  las  cosechas, 
sacar  la  leche  á  las  vacas  y  quitar  la  vida  á 
las  personas...  ¿qué  le  dejáis  á  Dios  para 
que  El  lo  haga? 
Vamos,  dejadla... 

Y  cuando  la  Virgen  permitió  que  te  quita- 
sen las  flores  es  porque  no  quería  tu  ofren- 
da, que  tú  eres  mala  y  poseída. 
¿Fué  por  eso? 
¡Vaya  si  fué! 

(Echándose  rápida  sobre  Antonia  le  quita  su  brazado 
de  ramas  y  amenazándola.)  ¡Como  vengas!  (Son- 
riendo dulcemente  cuando  Antonia  se  resigna.)  Te  he 

quitado  las  tuyas...  ¿La  Virgen  lo  ha  permi- 
tido...? Luego  tú  eres  mala:  ¿lo  eres?... 

(Compungida  )  No... 

No  quise  más  que  probarte  que  lo  que  dicen 
otros,  la  fuerza  de  otros  y  la  desgracia  de 
uno,  no  son  verdades  contra  uno.  Tómalas, 
que  tuyas  son...  y  quedaos  con  Dios...  (Mar- 
cha á  la  iglesia.) 
(Tras    una    pequeña    indecisión,    corre    á    ella.)    (1) 

¡Toma  las  mías...  te  las  doy!  ¡No  vayas  sin 
ofrenda! 

(coge  unas  pocas.)  Tú  eres  buena.  ¡Gracias!... 
Piensa  en  lo  que  más  quieras.  Si  desde  arri- 
ba me  oyen,  lo  que  más  quieras  vendrá  á 
tí...  Quedaos  con  Dios.  (Mutis  iglesia.) 


ESCENA    IX 

Se  oyen  las  campanas;  las  mozas  se  acercan  á  la  iglesia.  Por  la    de- 
recha, tamborilero  y  gaitero  seguidos  de  gente.    De  la  iglesia  sale  la 


(l)      Antonia— Mozas  1.a  y  2.a— Mari-Pepa  ^-Vicenta. 


—  18  — 

gente,  colocándose  á  los  lados  para  dejar  paso  á  las' andas  áe.lá 
Virgen.  Delante  un  estandarte.  Mñas  echando  flores  y  detrás  el  cura 
con  sobrepelliz;  solamente  los  hombres  descubiertos,  las  mujeres  cu- 
biertas. Dan  la  vuelta  á  la  Virgen  que  saluda  el  paso  ante  el  crúcese 
con  una  reverencia  y  el  cura.  Al  terminar  la  vuelta,  se  colocan  de- 
lante el  gaitero  y  tamborilero  y  detrás  del  cura  toda  la  gente. 

Música 

Coro  La  Virgen  del  cielo 

hoy  va  por  la  tierra, 
pisando  las  flores 

más  lindas  y  bellas,  ■     , 

que  el  pueblo  creyente 
te  da  como  ofrenda. 
Apóstol  bendito 
que  vas  junto  á  ella, 
tú  puedes  decirle 
lo  que  hay  de  miseria... 
tú  puedes  rogarle 
que  cuando  allí  vuelva, 
la  Virgen  del  cielo 
no  olvide  á  la  tierra. 


ESCENA  X  (1) 

Al  ponerse  en  marcha  la   procesión    después    de    acabar  el  Coro,  se 
colocan  en  fila  por  el  sendero  para  marchar  hacia  la  derecha  y  cuan- 
do haya  avanzado  bastante  la  comitiva,  se  oye  dentro  á  varios  Mozos 
que  vienen  con  JOSÉ 

Hablado 

MOZOS  ¡Alto!  ¡Alto!  (Se  detiene  todo  el  mundo  sin  deshacer 

la  colocación.) 

Fui..  ¿Qué  ocurre? 

Jua.  Es  José  que  vuelve. 

José  Sí,  soy  yo. 


(l)      Coro— Gaitero—  Tamborilero— Juanón— Cura-  Mozos  —José- 
Ambrosio— Fulgencio— Mari-Pepa— Antonia— Mozas  1.a  y  2.a 


—  19  — 

Ful.  ¿Qué  buscas,  José? 

Josh  jA  todos,  y  entre  todos  mi  sitio! 

Ful.  Pues  anda  atrás. 

José  No.  Mi  sitio  es  el  mismo  que  tenía  cuando 

me  prendieron. 
Hombres      ¡El  mismo  ¡El  mismo! 

JüA.  (Dejándole  la  primera    anda.)    ¡Tómalo,    hombre! 

Ful.  ¿Si  tú  se  lo  dejas?...  ¡Y  vamos  adelante! 

Amb.  ¡Nos  veremos,  José! 

José  ¿Quién  eres  tú? 

Amb.  Ambrosio. 

José  Di  más. 

Amb.  .  Ambrosio  Paradela,  el  hijo  de  don  Ful- 
gencio. 

José  ¡Di  mas  aún! 

Amb.  El  que  será  muy  pronto  marido  de  Car- 

mina. 

José  No  digas  más.  Nos  veremos,  Ambrosio. 

Ful.  ¡Vamos,  vamos!  (Sigue  la  procesión,    gritos,   cam> 

panas,  fuerte  en  la  orquesta  y  Telón.) 


CUADRO  SEGUNDO 


Un  la  montaña,  una  noche  de  luna.  Senderos  practicables.  A  la  dere- 
cha una  hoza,  oculta  entre  las  rocas  de  modo  que  no  sea  visible 
más  que  por  el  frente  del  público. 

Música  á  telón  corrido 

Mozos  A  la,  la,  la... 

José  Llorando  vive  la  Virgen 

Virgen  de  la  Soledad... 

Si  por  soledades  llora 

aún  le  queda  que  llorar. 


—    20  — 


ESCENA  PRIMERA 


Se  levanta  el  telón  y  aparecen  VICENTA,  hilando  á  la  puerta  de  la 
chozn  y  MARI  PEPA  sentada  en  una  peña  primer  término 

Música  (1) 

Mari  Pepa 


En  levo  unha  pena 
gardada  n'o  peito; 
eu  levoa  é  non  sabe 
ningnen  por  qné'a  levo. 
Órelas  vizosas 
d'o  Miño  sereno, 
onde  ó  paxariño 
ten  ó  seu  espello; 
y  antr'as  margaridas 
pacen  os  cordeiros, 
vosoyas  sabedes 
o  men  sentimento. 
Cabo  d'  unhapena 
donde  mana  un  regó, 
á  sombra  d  un  pino 
manso  e  gigantesco, 
que  soberbo  brama 
cand'o  move  ó  vento, 
coma  n'nn  sepulcro 
dorme  ó  meu  secreto. 
¡Mas  anque  alí  dorme 
viven  min  despertó! 
Eu  levo  unha  pena 
gardada  n'o  peito       y  - 
tamaña,  tamaña, 
bon  Dios  que  n'a  rexo... 
Quen  me  dera  órelas 
d'o  Miño  sereno, 


Yo  tengo  una  pena 
guardada  en  el  pecho, 
la  tengo  y  ninguno 
sabrá  que  la  tengo. 
Orillas  frondosas 
del  Miño  sereno, 
en  donde  las  aves 
hallaron  su  espejo, 
y  donde  entre  flores 
pacen  los  corderos, 
tan  sólo  vosotros 
sabéis  lo  que  siento. 
Cerca  de  una  roca 
nace  un  arroyuelo, 
y  al  lado  de  un  pino 
manso  y  gigantesco, 
que  brama  sonoro 
al  moverlo  el  viento, 
como  en  un  sepulcro 
duerme  mi  secreto. 
Mas  aunque  allí  duerme 
vive  en  mí  despierto. 
Yo  tengo  una  pena 
guardada  en  el  pecho, 
tan  grande,  tan  grande 
que  con  ella  muero. 
¡Quién  me  diera  á  orillas 
del  Miño  sereno, 


(l)  Esta  poesía  y  la  romanza  final  de  Josó,  son  originales  de  la 
insigne  poetisa  Rosalía  Castro  de  Murguía,  á  cuya  memoria  rindo 
gustoso  este  homenaje  de  admiración. 


— .  21  — 

ser  un  (Taquéis  cómaros  convertida  en  piedra 

qu'en  vos  ten  asento!...  acabar  mis  duelos!... 

Sin  medo  e  sin  penas  Sin  ansia  ni  espanto 

de  bran  é  de  invernó,  al  cambio  de  tiempos  > 

un  día  tras  outro  un  día  tras  otro 

morara  ond'eu  quero  vivirlos,  teniendo 

ca  veiga  por  pazo,  la  vega  por  casa 

c'o  espazo  por  teito  y  el  cielo  por  techo. 

Hablado 

YlC.  (Que    se    acercó    sigilosamente.)    ¿Cómo      Vuelves 

sola  de  la  Romería,  donde  tantos  te  habrán 

buscado?  ¿Qué  tienes,  Mari-Pepiña?...  (1) 
M.  Pepa  .     Nada. 
Víc.  ¿Ni  amores? 

M.  Pepa       Ni  amores:  nada... 
Víc.  Un  día  fuiste  bondadosa  conmigo:  si  alguna 

vez  deseas  la  hierba  que  cura  los  males  de 

cabeza,  yo  la  tengo. 
M.  Pepa       No  me  duele. 
Víc.  Si  deseas  la  oración  que  hace  encontrar   las 

cosas  perdidas,  yo  la  sé. 
M.  Pepa       Ni  perdí,  ni  busco. 
Víc.  Si  te  quieren,  yo  puedo  dar  firmeza;  si  no  te 

quieren,  yo  puedo  inspirar  quereres. 
M.  Pepa       Nada,  tía  Vicenta,  nada. 
Víc.  ¿Nada?  Pues  oye  todavía. 

i^.Vliisica  sola  durante  la  escena.) 

Si  alguna  vez  sintieras 
que  el  corazón  te  brinca  . 
como  si  fuera  ansioso 
el  pecho  á  destrozar...      i ■-, 
v  yo  sé  un  conjuro  mágico  jv¡  -    ' 

que  vence  á  los;  espíritus     - 
*  y  al  ánima  angustiada     ¡   ,■ 

no  la  atormenta  más.       i 
v     Un  día  conmigo— tú, fuiste  buena      •  ■■;  :'>  !} 
i    y  hoy  á  servirte  — vengo  dispuesta.  ,-;h  / 

De  cuanto  valgo— ¿quieres  la  prueba? 
¿Quieres  que  oculte*  la  luna,  llena? 


(l)      Vicenta-í-fMarL-Pepa.    ,.    .:,   •   .  .¡  ¿fcíjs  '*  tso¡«>a¡ 


—  22    — 

M.  Pepa      No. 

Vic.  ¿Quieres  que  brote— agua  en  las  peñas 

,    :  ó  que  los  árboles— se  hundan  en  tierra? 
M.  Pepa      No. 

No,  que  ái  mi  vida 

y  á  mis  tristezas 

esos  conjuros 

no  le  interesan. 
Vic.  ¿Quieres  que  te  diga 

lo  que  á  tí  te  obliga 

siempre  á  suspirar? 

¿Quieres  que  te  cuente 

lo  que  tu  alma  siente 

no  poder  lograr? 
¿Quieres  que  yo  calme — todos  tus  enojos...? 
¿Quieres  ver  tú  misma — por  tus  mismos  ojos- 
como  al  sólo  influjo— de  una  evocación 
se  amortigua  el  ansia — de  tu  corazón? 
Y  ausente  ó  presente — cercano  ó  lejano, 
con  el  sólo  influjo  —  de  mi  evocación, 
amigo  ó  enemigo — amante  ó  inconstante 
acude  quien  llama  -  tu  fiel  corazón? 
Con  el  pulgar— sobre  la  arena 
marca  tus  rayas.— No...!  con  la  izquierda 
que  la  otra  es  muerte — de  quien  se  piensa. 

M.  PEPA         (Que  sigue  dócilmente  lo  mandado.) 

¿Te  estás  burlando 
de  mí,  Vicenta? 

Vic.  Borra  dos  rayas — y  en  la  tercera 

escribe  el  nombre— de  quien  tú  quieras 
y  tantas  veces  —  como  haya  letras 
di  tú  conmigo:— Hazlo  por  fuerza 
San  Cristobalón...  on... 

Las  dos  .,.;í:  Hazlo  por  fuerza 

San  Cristobalón...  on... — Hazlo  por  fuerza. 
San  Cristobalón...  on...— Hazlo  por  fuerza. 
San  Cristobalón...  on...  : 

M.  Pepa    ¡  ¿Té  estás  burlando  —de  mí>  Vicenta? 

Yic.  ' » -Y  ahora  en  silencio — é  inmóvil,  deja 

'  :  "^ue  yo  termine— la  evocación. 

(lie  hace  señas  dé  que  calle  y  continúa  Vicenta  tra- 
zando rayas,  mientras  Mari-Pepa,  arrodillada,  la  miía 
ansiosa.  Se  oye  lejano  y  débil  el  canto  de  José  y  les 
mozos,  el  ala,  la.  Vicenta  escucha  y  sonríe.) 


—   23  — 

(Profétíca.) 

Antes  que  brillen— tres  lunas  llenas 
vendrá  á  tu  lado — quien  tú  deseas. 
M.  Pepa       ¿Por  qué  me  engañas — por  qué  me  ciegas 
con  esperanzas— tan  embusteras? 

1    (Se  oye  el  canto  más  próximo.) 
Vrc.  (Advirtiéndola.) 

¿En  qué  te  engaño? 

M.  PEPA         (Levantándose  ansiosa.)  ¿OyeS,  Vicenta? 

Vic.  Antes  que  brillen—  tres  lunas  llenas 

vino  á  buscarte — quien  tú  deseas. 

(Cesa  la  orquesta.) 

M.  Pepa       Dios  te  lo  pague; — gracias,  Vicenta. 


ESCENA  II 

DICHAS;  JOSÉ,  PASCUAL,  JUANÓN  y  tres  MOZOS    más  por  el  foro 
izquierda;  vienen  riéndose  hasta  el  centro  de  la  escena 


José      ;       Gracias,  amigos.  (1) 

Pas.  No  haces  bien  en  quedarte  solo. 

José  ¿Y  por  qué  han   de  prenderme,  si  en  la  au- 

diencia sobreseyeron  la  causa? 

Pas4.  Dicen   que   aquí  no  ha  llegado  noticia  y 

como  estorbas... 

José  Yo  necesito  quedar  aquí. 

Pas.  Si  te  emperras,  hay  un  medio.  ¿Te  acuerdas 

'     del  canto  del  mirlo?...  ■■■;■■; 

José  -Me: acuerdo^'  '■■'[  ;,:  -!   jii;  {-li\ 

:Pé&&  <  ^  r  A  la  cañada  vamos;  si  hay1  barrifnto  de  peli- 
gro, ya  sabes  la  señal.      v  -'    <• 

JdSÉ •''  OiV^4Éj^¡ñi(MÍ^/i(jpwÉ* "^tttt-^ílbtóíl1  ÁU^lífili  f  Juanón  por  la 
izquierda.)  '•    :     '        ';,'  ^  ;;,; 


(l)     Vicenta— Mari-Pepa— José— Pascual— "Jutiñéü^MOzOS. 


—  24  — 


ESCENA  III 

JOSÉ    y    MARI-PEPA    (l) 

M.  Pepa       Que  Dios  te  guarde,  José.  (2) 

José  ¡Mari-Pepa!...  jMari-Pepiña!  ¿No  quieres  dar- 

me el  favor  de  una  palabra? 

M.  Pepa  (Santísima  Virgen  de  las  Angustias,  hazle 
que  hable.) 

José  Si  tú  fueras  como  antes  de  amistosa  y  de 

buena...  y  quisieras  hacerme  una  bondad... 

M.  Pepa  (Riendo.)  ¡Querré,  hombre,  querré!  (¡Virgen 
Santiña,  hazlo!) 

José  En  las  Américas  me  iba  muy  bien  de  mate- 

rial, ¿sabes?  Salud  y  ganancia  á  qué  pides 
cuerpo,  pero  la  ley  y  el  amor  que  tengo  me 
empujaron  á  este  camino. 

M.  Pepa  ¿Y  de  qué  le  valgo  yo  á  tu  ley  y  á  tu-  amor, 
José? 

José  De  mucho. 

M.  Pepa       No  lo  sabía... 

José  Pues  sábelo.  Ya  me  curé  de'  aquel  rondar  á 

todas  las  mozas...  No  hay  más  que  una  vida 
y  no  busco  más  que  un  amor:  todos  los  de- 
más amores  al  viento  se  los  doy.¡ 

M.  Pepa       Pobriño. 

José  ¿Yo?  .  ¡ 

M.  Pepa      El  viento:  qué  carga  más  pesada  le  das... 

José  Otras,  mozas  encontré,  pero  ninguna  me  qui- 

taba la  voluntad  de  aquí,  y  el  ansia  de  ha- 
blar me  trajo  por  tierras,  y  mares.  ;/.<>•(; 

M,  Pepa  i.Pues^ habla.,.,  por -tan  poco  no, te,  quedes  sin 
el  gusto.       :„  ,•,  <  ,.;  •..-, 

José  .  f.,  Y,  aquí  •me, ,  tienes  dispuesto  ;á. decir  lo  que 
no  dije  nunca.  ,  ; ,....,, ■ 

M.  Pepa  (sonriendo.)  ¿Qué  será  lo  que  no  has  dicho 
nunca? 

José  Que  me  caso  en  cuanto  respondan  que  me 

quieren,  (cogiéndola  afectuosa.)  Perdona  que  te 
hable  así. 


(1)  Mari-Pepa— José. 

(2)  José^Mar,i-Pe,pa:.     -;;i  ,>.;;.;     ■:.,,,>,    a  ■-.-.■  »  -¿-i  .;:/■ 


Vft   .-., 

M.  Pepa      Perdono,  hombre,  perdono.  ¡Habla,  habla! 

José  (Abrazándola.)  Es  el  querer  que  me  sale;  ¿com- 

prendes? 

M.  Pepa  Comprendo,  comprendo.  (¡Ay,  Virgen  de 
las  Angustias,  qué  buena  eres!) 

José  Y  como  si  tú  la  acompañaras  no  se  negaría 

á  escucharme,  mientras  que  viniendo  con 
otras  tal  vez  Carmina  misma  tenga  reparo 
por  si  la  cuentan... 

M.  Pepa      (Entristecida.)  Carmina... 

José  Sí,  mujer;  ¿no  me  oyes? 

M.  Pepa       Oigo.  ¿Y  quieres  que  yo  la  busque? 

José  Quiero.  Y  por  este  favor  que  le  pido  á  tu 

buena  amistad,  si  en  alguna  ocasión  puedo 
servir  tus  intereses  ó  tus  amores.... 

M.  Pepa  (secamente  )  Gracias.  No  sé  mis  intereses  que 
vueltas  darán:  mis  amores  los  cuido  yo  sola. 

José  ¿Lo  harás? 

M.  Pepa      La  haré.  ¡En  el  Robledal  estará! 

José  ¿Vendrás  con  ella?  .      ■ 

M.  Pepa       Vendré. 

José  (Abrazándola.)  Mari-Pepiña. 

M.  Pepa       ¡Aparta! 

José  No  te  enfades. 

M.  Pepa       Sin  enfado;  aparta. 

José  Bien  conoce  la  Santísima  Virgen  que  no  le 

había  malicia...  anda,  vé. 

M.  Pepa      Voy. 

José  No  le  digas  que  espero:  como  si  fuera  un  ca- 

sual el  encontrarnos. 

M.  Pepa       No  se  lo  diré:  espera, 

José  Espero.  :,...■  ,         ,  ,  ..   . 

M-Pepa  Y  escucha.,  Si í  logro  apartarla  de  las  otras 
mozas,  cantando  vendremos,  para  avisarte. 

José  Cantade,  cantade...  Yo  le  pediré  á  los  montes 

y  á  los,  valles,  que  repitan  el)  eco  más  aprisa! 

M,  Pepa  Y  la,  montaña  te  dará  el  eco/.. ;Por  suerte,  las 
montañas  se  hicieron  de  piedras  y  no  de 
corazones;;;/^  < ■;  ¡    ■  .,    ,;;.  ia  .:/.■'.  '  ,-/■[ 

José  ¿Más  duros:  soja,?     .  Uañ   t   i  "''■'■ 

M.  Pepa  Son;  agualda  aquí,  José..  .(Marchaiido  por  la  iz- 
quierda foro.) 

José  Aquí  aguardo,  Mari-Pepa. 


—  26  ** 

'    :     '  :  ■  '       '       ■      ■       i 

ESCENA  IV 

JOSÉ    y    RAMÓN    por   la   izquierda   (l) 

■  Ram.  José. 

José  ¿Tío  Ramón? 

Ram.  El  mismo. 

José  ¿Sigue  usté  de  uña  y  carne  del  señor  Secre- 

tario? 

Ram.  Uña  nada  más. 

José  Para  clavar  mejor. 

Ram.  No  tengo   más  remedio  que  obedecer.  ¡Es 

verdad  que  hago  algunas  pillerías...  pero 
con  todo  el  dolor  de  mi  corazón!  ¡Y  por  seis 
mil  reales  cochinos!  Al  cabo  del  mes,  entre 
embargos  y  apremios  y  multas,  sale  cada 
♦    granujada  por  unos  veinte  céntimos. 

José  Baratas. 

Ram.  A  ver  si  eso  es  tarifa  para  perderse  un  hom- 

s      bre... 

José  ¿Y  ahora  qué  trae  usted  entre  manos? 

Ram.  Pues  ahora...  prenderte. 

José  Déjese  usted  de  chanzas.  Sentiría  darle  á 

usted  un  mal  golpe. 

Ram.  Y  yo  también  lo  sentiría...  porque  precisa- 

mente vengo  á  proponerte  un  buen  negocio 
Vamos  á  ver,  Pepino,  ¿no  te  da  mucha  lás- 
tima encontrar  á  un  pobre  hombre,  á  un 
amigo  de  tus  padres  y  tuyo?... 

José  Aligere,  tío  Ramón. 

•  Ram.  Y  verle  llegar  al  fin  de  sus  días  sin  otro  por- 

venir *  que  la  cesantía  y  la  miseria  y  la,  la, 

•  •.'     *     ■   ■  •la..v/'-í    -  ■   [     ; 

José  No;Se  enternezca  usted  ahora. 

Ram.  (Es  para  enternecerte  á  tí  también,  Pepino! 

-   ■  Tú  estás  perseguido... 

José  No,  absuelto  por  la  Audiencia. 

Ram.  La  Audiencia  aquí  no  nos  importa.    [Don 

Fulgencio  ha  dispuesto  que  te  prendan  y  te 

('   ;■  '■  '■',      •        ■  '     ! 
'  *  P  ■  ■  i  . 

(l)      José— Ramón. 


-  21  - 

van  á  prender:  mientras  te  llevan  y  te  suel- 
tan se  pasa  un  mes...  y,  además,  además, 
Pepino  de  mi  alma,,  el  señor  Secretario  ha 
prometido  doscientos  duros  para  el  que  te 
prenda! 

José  Aún  valgo  un  poco... 

Kam.  Y  aquí  tienes  el  negocio.   Como  de  todas 

maneras  has  de  caer,  me  dejas  que  te  pren- 
da yo  y  partimos...  ¡cien  duros  cada  uno! 

José  ¡Usted  está  loco! 

Kam.  ¡A  tí  qué  más  te  da,  hombre! 

José  ¡Vaya,  vaya! 

Ram.  ¡Y  yo  que  confiaba  en  tus  buenos  senti- 

mientos! José,  Pepe,  Pepino... 

José  O  se  marcha  usted,  ó... 

Ram.  Tan  amigo  de  tus  padres  y  tuyo... 

José  ¡Tío  Ramón! 

Ram.  AdiÓS,  adiós.  (Marcha  hacia  la  izquierda  y  vuelve.) 

¡Mira,  mira! 
José  ¿Qué  es? 

Ram.  Aquellos  mozos  me  vieron  hablar  contigo, 

se  lo  contarán  á  don  Fulgencio  y  quedaré 

cesante. 
José  Lo  siento. 

Ram.  Sálvame,  José.   ¡Por  tu  madre  te  lo  ruego! 

¡Te  cojo  de  un  brazo,  me  das  un  empujón  y 

te  escapas! 
José  ¿Qué  adelantamos  con  esa  farsa? 

Ram.  ¡Que  me  veaU  cumplir  con  mi  obligación! 

Anda,  Pepitiño,  que  están  mirando,  y  no 
:  empujes  muy  fuerte,  ¿eh? 
José         ?>  '(Riendo  )  Bueno. ,.   :  -:  ■>     < 
Ram.  ( sujetándolo.)  [Escápate,  escápate  ahora! . . . 

José  Yo  he  de  quedar  aquí. 

Ram.  Bien,  puesóme  escapo  yo. 

José  Es.lóinásmo.   ;  ¡    :      ! 

Ram.  Por.  <^ue  tú  has  sacado  una  navaja. 

JOSÉ  ! Riendo, '. : pero .haciendo    e}  ademán.)   ¡No,  pero  la 

VOy  á  Sacar!:,;  (/Mutis  Ramón  por  la  izquierda  es- 
capando.)  i  'C\-\  '    . ; 


—  28  — 


ESCENA  V 


JOSÉ,  CARMINA  y  MARI-PEPA,  ,por  el  foro  izquierda 
Música 

José  ¡Carmina! 

Oar.  (Fría.)  José...  (1) 

José  En  cuanto  pude  volver, 

he  vuelto  para  saber 
qué  suerte  llegó  á  tener 
un  amor  que  dejé  aquí. 
Y  si  aún  vive  tu  querer, 
dímelo  por  Dios,  mujer, 
•    que  solo  he  vuelto  á  saber 
si  te  acuerdas  aún  de  mí. 

M.  Pepa  Virgen  Santa, 

en  tí  pongo 
mi  esperanza. 

Car.  Acordarme...  sí  me  acuerdo; 

olvidarme...  no  olvidé, 
pero  ya  cambió  el  cariño 
y  ya  nunca  te  querré. 

JOSÉ  (intentando  abrazarla.) 

¡Carmina! 
Car.  ¡José! 

José  Mira  bien,  Carmina  mía, 

que  para  mi  amor  tú  encierras 
cuanto  en  el  mundo  encontré. 
Y  tierras  y  mares 
y  mares  y  tierras -;  oi\ 
por  tí  atravesé.        :'  v 
Mira  bien,  Carmina  mía • 
que  de  todas  mis  memorias' 
la  tuya  es  laque  adoré, 
y  glorias  y  anotares  •  &  < 
y  amores  y  glorias 
por  tí  los  dejé. 


(l)      ¿Vari-Pepa— Carmina— José. 


—  29   - 

Car.  Yo  nada  te  he  prometido, 

y  te  acercas  ó  te  alejas 
según  tus  caprichos  van, 
y  quejas  y  ruegos 
y  ruegos  y  quejas 
injustos  serán, 
José  ¿Por  qué  razón  será,  Carmina  mía, 

negarme  la  ventura  y  la  alegría 
que  tu  mismo  cariño  prometía 
en  las  divinas  horas  de  pasión? 
Car.  Constantemente — cambia  la  vida 

sin  que  la  acusen — de  ser  fingida, 
pero  si  cambia— una  mujer, 
todos  la  llaman — falsa  y  cruel. 
M.  Pepa  Virgen  Santiña, 

mi  Virgen  Santa, 
yo  de  rodillas 
iré  á  tus  plantas. 
José  ¿P°r  qué  razón  será,  Carmina  mía...?  etc. 

Car.  Virgen  Santiña,  etc. 

¡Mi  suerte  está  echada! 
José  La  mía  también. 

Adiós,  Carmina. 
Car.  Adiós  por  siempre,  José. 

(Mutis  los  dos  primera  derecha.) 


ESCENA  VI 

JOSÉ  y  AMBROSIO  (l)  por  tercer  término  derecha 

Hablado 

Amb.  ¡Josél  ¡  ...     •   .    ...-.■ 

José  ¿Eres  Ambrosio? 

Amb.  Soy. 

José  ¿El  que  será  muy  pronto  marido  de  Car- 
miña? 

Amb.  Ese.  Te  dije  que  nos  veríamos. 

José  Ya  nos  vemos.  ¿Quieres  hablar  algo  más? 

Amb.  No    hace  falta.    (Se  oye  el  canto   del  mirlo,  que  lo 

hará  Vicenta  desde  el  tejado  de  la  choza.) 

(l)      Ambrosio— José. 


—  30  — 


José  (sacando  uu  cuchillo.)  Pues  cuando  quieras. 

Amb.  Vengo  sin  armas,  (sin  moverse.) 

José  (Tirando  lejog  el  cuchillo.)  Y  yo.  Cuando  quie- 

ras. 
Amb.  ¡Ahora! 

José  ¡Ahora!  (Se  disponen  á  luchar  y  aparecen:) 

ESCENA  VII 

DICHOS,    PA3CUAL   y   MOZOS 

José  (incomodado.)  ¿Quién  os  llama? 

Pas.  ¡Tú! 

José  ¿Yo? 

Pas.  ¡No  lo  niegues! 

Jua.  Hemos  oído  todos  el  canto  del  mirlo. 

José  Es  igual.  Volveremos  á  empezar,  Ambrosio. 

Amb.  Volveremos  á  empezar,  José. 

José  Y  mientras  nos  vemos,  que  Dios  y  Mayo  te 

guarden. 

Amb.  Y  á  tí. 

José  Y  á  todos. 

Amb.  Amén. 

(Cuadro  y  tetón  rápido.) 


Preludio  en  la  orquesta 


—  ai 


CUADRO  TERCERO 


una  ermita  al  foro,  con  puerta  lateral   formando  calle  con  las  rocas 
de  la  derecha. 


Telón  de  foro  de  montaña 


\ 


u 


fS 


tí* 


.\>\° 


En  la  ornacina  la  figura  de  San  Cristobalón,  alumbrada  por  un 
farolillo,  un  agujero  en  el  muro  y  una  cuerda  para  la  campana 
que  suena  dentro. 


ESCENA  PRIMERA 

Una  VIEJA,  arrodillada,  rezando.  Se  levanta,  mete  un  saquito  por  el 
agujero  y  da  un  toque  de  campana  diciendo.- 

Hablado 


Vieja  Para  San  Cristóbal  bendito. 

(Se  arrodilla  de  nuevo,    reza  un  poco  y  marcha  por  la 
derecha.) 


32  — 


ESCENA  II 

(1)   ANTONIA  y  MIGUEL  por  la  izquierda  segundo  término 

Ant.  No  sabes  qué  favor  me  haces...  Miguel. 

Mig.  La  verdad  es  que  el   camino  está  muy  solo, 

muyer... 

Ant.  Y  tan  oscuro...  ¡Da  un  miedo! 

Mig.  No  tengas  miedo,  que  yo  voy  contigo. 

Ant.  .  Por  eso...  pero  que  Dios  te  lo  pague. 

Mig.  ¡Que  pague  ni  que  no  pague...  á  una  mujer 

guapa  se  le  hace  un  favor  siempre! 

Ant.  No  soy  tan  guapa  como  dicen,  no... 

Mig.  Sí  lo  eres. 

Ant.  Bueno,  entonces,  por  no  llevarte  la  contra- 

ria... 

Mig.  ¡Quién  me  había  de  decir  que  yo  tendría  la 

suerte  de  acompañarte!... 

Ant.  Ya  lo  dirás  tú  después. 

Mig.  ¡Ay,  no,  que  calladito  lo  soy  mucho! 

Ant.  ¿De  veras? 

Mig.  De  veras. 

Ant.  Bueno  es   siquiera,   hombre.   Pero   vamos, 

vamos,  que  aun  hemos  de  pasar  lo  más  so- 
litario... 

Mig.  ¿Lo  más  solitario?...   Mucho  me  le  gustas, 

Antonia! 

Ant.  Vamos,  Migueliño. 

Mig.  Vamos,  Antoñiña...   ¡Ay,  si  no  gritaras,  An- 

tonia! 

Ant.  ¡Sí,  sí...  como  soy  tan  gritadora! 

Mig.  Te  había  de  contar  un  cuentiño. 

Ant.  ¿De  qué,  hoin?... 

Mig.  cogiéndola  por  la  cintura.)  ¿De  qué,  de  qué?... 

Hábíalle  un  konie  que  andaba  tolo  por  una 
rapaza.  Encontroulla  unha  noite. 

Ant.  ¡Jesús  me  valga!...  ¡Y  cómo  se  le  parece!... 

Mig.  ¿El  qué? 

Ant.  El  cuento. 


(l)      Antonia— Miguel. 


¿¿  33  — 

Mig.  ¿A  qué? 

Ant.  A  otro  cuento  que  me  contaron. 

Mig.  Es  nel  principia  nada  más,  que  luego  le 

cambia. 
Ant.  Destonces  sigue  á  ver  en  que  acaba  hom... 

Mig.  Como  che  digo,  habíalle  un  home. 

Ant.  (Riendo.)  ¡Jesús,  Jesús!  ; 

Mig.  ¿Te  justa,  eh? 

Ant.  ¡Es  que  haces  cosquillas,  Miguel! 

Mig.  ¿También    cosquillas,    mujer?...    ¡Válgame 

Dios! 

(Mutis  los  dos  por  la  derecha.) 


ESCENA  III 


Una  VIEJA  y  MOZA  1. 


por  la  izquierda:  la  Moza  lleva  dos  gallinas 
y  un  gallo  (1) 


Moza  1.a 

Vieja 


Moza  1.a 

Vieja 
Moza  1.a 
Vieja 
Moza  1.a 

Vieja 


¿Y  me  curará,  madre? 

Te  curará,  hija.  Para  la  pasión  de  ánimo  no 

le  hay  nada  tan  milagroso   como  este  San 

Cristóbal. 

¡San  Cristóbal  lo  haga! 

Lo  hará.  ¿Traes  las  jallinas,  hija? 

Las  dos  jallinas  y  el  jallo,  madre. 

¿Y  el  jallo  para  qué? 

Por  si  echan  las  jallinas  al  corral  que  no 

estén  solas. 

Tú  no  eres  egoista.  Así  me  justas...  Ven. 

(Se  arrodillan   ante  el  santo,  y  sin  hacer  caso  del  res- 
to del  diálogo  le  levantarán    al    poco  rato,  tiran  de  la 

cuerda  y  dirá  la  Moza  1.a.-  Para  tí,  San  Cristóbal 

bendito.    Vuelve  á  persignarse  y  se  marchan  por  la 
izquierda.) 


(i)      Vieja— Moza  1.a 


—  34  — 
ESCENA  IV 

MARI-PEPA  por  la  izquierda,  y  VICENTA  por  la  derecha  (l) 

Vic.  ¿Recibiste  mi  aviso? 

M.  Pepa      Ya  lo  ves,  aquí  estoy. 

Vic.  Te  he  llamado,  porque  en  este  sitio,  á  esta 

hora  y  en  esta  misma  noche  querrán  los  es- 
píritus que  tu  suerte  se  decida. 

M.  Pepa       ¿Mi  suerte?... 

Vic.  Carmina   se   casa  mañana  con  Ambrosio. 

José  ha  pasado  estos  quince  días  escapando 
de  los  que  desean  prenderle  y  lograr  ver  á 
Carmina...  Cuando  quiso  intentarlo  una  no- 
che le  recibieron  á  tiros.  Se  convenció  ya 
de  que  le  es  imposible  acercarse  á  ella...  y 
como  todos  los  que  no  tienen  poder  ni  fir- 
meza en  la  tierra,  acuden  al  cielo... 

M.  Pepa       O  al  infierno. 

Vic.  Eso  es  más  tarde,  cuando  también  el  cielo 

se  niega.  José  acudió  á  San  Cristóbal  pidién- 
dole protección. 

M.  Pepa      ¿Y  ahora  vendrá? 

Vic.  Ahora.  Todo  el  favor  que  puedo  hacerte  es 

reuniros  un  instante  á  los  dos. 

M.  Pepa       Poco  es... 

Vic.  Quién  sabe...  Dos  penas  que  se  juntan,  á 

veces  dan  una  alegría...  Entra  en  la  ermita 
y  reza. 

M.  Pepa  ¿Que  rece  á  los  santos  y  á  la  Virgen?...  ¿Pero 
tú  no  crees  en  el  demonio?... 

Vic.  Los  que  creen  en  algo,  pueden  creer  muy 

bien  en  algo  más.  Desconfía  sólo  de  los  in- 
diferentes. 

M.  Pepa       Rezaré.  (Mutis  ermita.) 

Vic.  Vete.  Yo  iré  á  buscarte.  Un  día  conmigo, 

tú  fuiste  buena...  Yo  iré  á  buscarte,  Mari- 
Pepa.  (Queda  Vicenta  á  la  pueita.  Oye  venir  á  Ramón 
y  se  dirige  á  él  contrariada.) 


(l)     Vicenta— Mari-Pepa. 


—  36  — 


ESCENA  V 

VICENTA  y  RAMÓN  por  la  izquierda,   embozado  en  una  capa  y  cou 
un  marranillo  debajo  del  brazo  (l) 

Vic.  ¿Eres  tú,  Ramón? 

Ram.  Como  no  haya  habido  alguna  trampa,  Ra- 

món sigo  siendo. 
Vic.  ¿Qué  traes  por  aquí? 

Ram.  Mira.  Un  gorrinillo  cebón. 

Vic.  ¡Marrano! 

Ram.  Este  SÍ;  }70  no.  (Se   dirige    al   agujero,    tira   de   la 

cuerda  y  mete  el  marrano  diciendo:)  Para  San  Cris- 
tóbal, (vuelve  á  Vicenta.)  Es  el  animalito  más 
aprovechable,  y  supongo  yo  que  será  el  más 
agradecido.  A  mí  me  gustan  los  regalos 
prácticos. 

Vic.  ¿Y  le  pides  al  santo?... 

Ram.  Que  me  cure  las  penas  del  amor. 

Vic.  ¡Tío  Ramón!  ¿Pero  estás  enamorado  hasta 

ese  punto? 

Ram.  ¿Hasta  qué  punto,  señora? 

VlC.  (Por  el  gorrinillo.)  Hasta  ese. 

Ram.  (suspirando.)  ¡Ay!...  Verás,  verás,  cómo  las  en- 

reda el  demonio...  ¡el  malditísimo  demonio! 
y  perdona  que  te  hable  mal  de  un  amigo. 

Vic.  No  hay  de  qué.  Continúa. 

Ram.  Bueno.  Pues  la  tía  Basilia  y  yo,  hemos  con- 

venido en  casarnos  el  mes  que  viene.  Dema- 
siado conozco  que  la  novia  no  es  ningún 
bocado  de  cardenal,  aunque  he  oído  decir 
que  los  cardenales  á  veces  tampoco  se  fijan 
mucho  en  detalles. 

Vic.  Bueno,  bueno. 

Ram.  Bueno. 

Vic.  Pero  la  casita  y  los  cuartejos  ahorrados... 

Ram.  Nuestras  relaciones  eran  muy  formales,  muy 

respetuosas... 

Vic.  Claro. 


(l)      Vicenta— Ramón. 


—  36  — 

Ram.  Sí,  señora,  clarísimo.  Pero  la  otra  noche,  al 

despedirnos,  la  Basilia  me  cogió  una  ma- 
no... esta...  no,  esta;  vamos,  una  de  las  dos... 
y  me  dijo  ruborosa:  «Ramón,  te  creo  un 
hombre  de  honor...»  me  apresuré  á  contes- 
tarle que  yo  también  la  creía  una  mujer  de 
lo  mismo.  «Tú  eres  incapaz  de  faltar  á  tu 
palabra  y  te  considero  ya  como  á  mi  ma- 
rido. » 

Vic.  ¡Caramba! 

Ram.  Caramba,  sí  señora..  Luego  añadió:   «Si  no 

tienes  prisa,  te  autorizo  para  quedarte  un 
rato  más  en  casa...»  Yo  me  quedé...  me  que- 
dé frío,  pero  me  quedé. 

Vic.  ¿Y  al  fin  saliste?... 

Ram.  A  las  cuatro  de  la  madrugada. 

Vic.  ¡Caramba! 

Ram.  (Triste.)  Caramba,  sí  señora.  Y  á  esto  veni- 

mos el  cochinillo  y  yo;  á  decirle  al  santo: 
San  Cristóbal  bendito,  si  me  lo  arreglas  como 
liga  de  amigos,  bueno;  pero  si  ha  de  ser  ma- 
trimonio... áb...  renuncio...  y  perdóname  que 
te  hable  en  latín;  pero  estoy  muy  desespera- 
do, y  no  sé  en  qué  idioma  hablo. 

Vic.  ¡Por  lo  visto!... 

Ram.  Por  lo  que  he  visto,  sí.  ¡Ah!  Se  me  olvidaba. 

(Toca  la  campana.)  ¡San  Cristóbal  bendito!  fíja- 
\  te  en  que  va  cebado,  ¿eh? 

Vic.  Mañana,  volverás...  (1) 

Ram.  A  la  misma  hora,  ya  lo  sé.  Marcho  más 

tranquilo. 

Vic.  Seguramente  hace   el   santo   ese   milagro 

por  tí. 

Ram.  Aunque  sea  por  el  cochinillo,  igual  me  da. 

La  cuestión  es  que  lo  haga. 

Vic.  Dalo  por  hecho.  Adiós,  tío  Ramón. 

Ram.  ¿Te  quedas?  ¿Esperas  á  alguien?  ¿Algunas 

amiguitas?  ¡Pero  hoy  no  es  sábado! 

Vic.  No,  señor. 

Ram.  Será  alguna  junta  extraordinaria... 

Vic.  Quizás...  Si  quieres  presenciar  rarezas,  qué- 

date. 


(l)      Ram¿n— Vicenta. 


-    8?   * 

Ram.  No,  no;  tengo  prisa...  y  además,  no  me  lla- 

man la  atención  las  rarezas.  Iilevo  veintisie- 
te años  en  el  Ayuntamiento. 

Vic.  Pues  adiós. 

Ram.  Adiós.  Un  saludo  á  esas  amiguitas. 

Vic.  De  parte  tuya. 

Ram.  Muy  afectuoso,  ¿eh?  No  sobra  estar  á  bien 

con  todo  el  mundo...  por  si  falla  lo  de  Sari 
Cristóbal.  Buenas  noches. 

VlC.  (Que  le  va  echando  fuera  )  Buenas  noches.  (Mutis- 

Ramón  por  la  segunda  derecha,  y  Vicenta  á  la  puerta 
de  la  ermita.) 

ESCENA   VI 

VICENTA  y  JOSÉ  por  la  izquierda 
JüSÉ  (tíe  dirige  al  santo  descubriéndose.) 

Santo  bendito,  •■,     . 

santo  milagroso, 

San  Cristobalón. 
¿Tú  tampoco  respondes  piadoso 

á  mi  invocación? 
¿Tú  también  eres  sordo  á  las  quejas 

de  un  fiel  corazón?  '     ■  :• 

Santo  bendito, 

santo  milagroso, 

San  Cristobalón. 

VlC.  (Que  se  ha    colocado    en    la    esquina   á  oirle.)  ¿Qué 

respondió  el  santo,  José? 

José  ¡Y  á  tí  qué,  bruja! 

Vic.  Nada,  ¿verdad?  No  lo  dice  á  nadie...  por  eso 

tienen  tanta  fe  en  él.  ¿Quieres  oir  de  mí  el 
remedio? 

José  ¿De  tí? 

Vic.  Es  muy  sencillo.  No  porfíes  nunca  por  un 

solo  amor,  ni  por  un  solo  afán,  al  que  ni  los 
santos  responden,  como  no  respondió  San 
Cristóbal.  Créeme,  José,  vive  tu  vida  y  ví- 
vela como  se  presente;  hoy  una  pena,  ma- 
ñana otra...  hoy  una  alegría,  otra  mañana, 
que  al  final  has  de  -ser  el  mismo  siempre. 
La  vejez  que  nos  espanta,  ó  el  reposo  de  la 
muerte.  -  ■-.  ; 


—  38  — 

José        .    Del  cantar  son  tus  palabras. 

Vic.  Del  cantor  son,  óyelas.  En  la  ermita  reza 

ahora  mismo,  pidiéndole  al  cielo  que  te  am- 
pare, alguien  que  te  quiere  de  veras. 

José  ¿Quién? 

ViC;  Si  te  importa,  entra. 

José   :         No -me  importa. 

Vié. .  Pues  déjalo. . 

José  Dejado  esítá.  Y  procuraré  seguir  tu  consejo: 

•;  ;  á  una  mujer,  otra  mujer...  á  un  olvido,  otro 

; -,;.-,  olvido...  y  Dios  dirá. 

Vic.  Dios  dirá.  Salud,  José. 

JOSÉ  Salud,  tía  Vicenta.  (Mutis  Vicenta  por  la  derecha.) 

'l 

ESCENA  VII      . 

JOSÉ 

Música 

A  un  latido,  outro  latido; 
.  : yáí  un.  delor  >  outro  delor; 

tras  de  un  olvido,  outro  olvido; 
tras  de  un  amor,  outro  amor. 
E  a  el. fin  de  fatiga  tanta 
e  de  tan  diversa  sorte, 
á  vellés  que  nos  espanta 
ou  ó  reposar  d'amorte. 
••  • i ' [  I . .  ( . ,       ,     A ,  un  latido,  outro  latido; 
á  un  delor,  outro  delor; 
tras  de  un  olvido,  outro  olvido; 
tras  de  un  amor,  outro  amor. 


ESCENA   VIII 

•        .  '.     ,, JOSÉ;  .MARI- PEPA  sale  por   la  ermita  (l) 

Hablado 

M.  Pepa  ,    -Que, Mayo  te  guarde,  José... 

:         ¿Til  aquí?- ¿Sales  de  la  ermita? 

(l)      Mari-Pepa— José.* 


M  39  — 

M.  Pepa      Salgo.   . 

José  Una  pregunta,  si  no  e's  molestia.  ¿Queda 

mucha  gente? 

M.  Pepa      No. 

José  ¿Poca? 

M.  Pepa      No.  Nadie.  .      -  .      h 

José  ¿Cómo  que  nadie?  ": 

M.  Pepa       Entra  á  verlo. 

José  La  Vicenta  me  dijo  que  había  una  mujer. 

M.  Pepa       Por  mujer  ya  puedo  pasar  yo... 

José  ¿Rezando? 

M.  Pepa       También  puedo. 

José  ¿Por  mí?  ¿Tú  rezabas  por  mí? 

M.  Pepa       ¡Qué  torpe  eres...  hombre! 

José  ¿Pero  tú  me  quieres? 

M.  Pepa  ¡Antes  de  que  se  pusiera  por  medio  esa  mu- 
jer, bien  pensé  que  pensabas,  José!... 

José  A  tiempo  llegas...  Mi  voluntad,  herida  en 

su  firmeza,  se  ha  tornado,  dócil  para  cam- 

y  biar  con  el  tiempo  y  con  lo  que  el  tiempo 

me  traiga...  Me  olvidan,  olvido;  me  quieren, 

quiero. 

M.  Pepa      Te  quiero,  José. 

José  ¡Pues  á  quererte  voy!  (con  indiferencia ) 

M.  Pepa  No  pido  tanto.  Déjate  querer,  y  Dios,  el 
tiempo  y  yo,  haremos  lo  demás. 


ESCENA  ULTIMA 

DICHOS  y  VICENTA  por  la  derecha  (l) 

M.  Pepa  Tía  Vicenta...  adiós.  ¡A  ella  le  debo  el  en- 
contrarte! 

José  ¿A  ella?  Pedí  un  amor  á  los  santos  y  me  lo 

concedió  una  bruja...  Qué  más  da.  Adiós, 
meiga. 

Vic.  Para  vosotros  no  debo  serlo.  Santos  e  mei- 

gas...  ¿en  qué  los  distingues?  Cuando  hacen 
bien  á  los  pobres  mortales,  todos  deben  pa- 


(l)      Vicenta  -  -  Mari-Pepa— José. 


—  40  — 

recer  santos;  cuando  hacen  mal,  criando  los 
rj  ü)   dejan  desesperarse  y  sufrir,  todos,  los  de 

abajo  y  los  de  arriba,  todos  parecen  demo- 
nios, brujas,  meigas... 

M.  Pepa      Adiós,  santa. 

José  Adiós,  meiga. 

V IC.  AdlÓS.  (Desde  que  empieza  la  escena  anterior  música 

piano  en  la  orquesta  hasta  el  final  que  &erá  muy  fuer- 
te. Telón.) 


FIN    DE    LA    ZARZUELA 


Obras  del  mismo  autor 


Aire  de  fuera. 

Alta  comedia  en  tres  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el 
teatro  Español.  (Tercera  edición.) 

El  abolengo. 

Comedia  en  dos  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el  tea- 
tro de  Lar  a.  (Segunda  edición.) 

María  Victoria. 

Alta  comedia  en  tres  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el 
teatro  Kspañol. 

Por  que  sí. 

Juguete  cómico  en  un  acto  y  en  prosa,  estrenado  en 
el  teatro  Español.  (Segunda  edición.) 

La  estirpe  de  Júpiter. 

Alta  comedia  en  cuatro  actos  y  en  prosa,  estrenada  en 
el  teatro  Novedades  de  Barcelona. 

La  divina  palabra. 

Comedia  dramática  en  tres  actos,  estrenada  en  el  tea 
tro  de  la  Comedia. 

La  cizaña. 

Comedia  en  dos  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el  tea- 
tro de  Lara. 

Lo  posible. 

|    Juguete  cómico  en  un  acto  y  dos  cuadros,  estrenado 
en  el  teatro  de  Lara. 

En  cuarto  creciente. 

Juguete  cómico  en  un  acto  y  en  prosa,  estrenado  en 
el  teatro  de  Lara.  (Segunda  edición.) 

El  ídolo. 

Alta  comedia  en  tres  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el 
teatro  Español. 


Bodas  de  plata. 

Comedia  en  dos  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el  tea- 
tro de  Lara.  (Segunda  edición.) 

Añoranzas. 

Comedia  en  tres  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el 
teatro  Español. 

La  fragua  de  Vulcano- 

Zarzuela  en  un  acto,  dividido  en  tres  cuadros,  música 
del  maestro  Chapí,  estrenada  en  el  teatro  de  Apolo. 

El  mismo  amor. 

Comedia  en  dos  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el  tea- 
tro Lara. 

El  ídolo. 

Comedia  en  dos  actos  y  en  prosa.  (Refundición.) 

Nido  de  águilas. 

Comedia  en  dos  actos  y  en  prosa,  estrenada  en  el  tea 
tro  Lara.  (Segunda  edición.) 

Santos  e  Meigas  (Idilio  campesino). 

Zarzuela  en  un  acto  y  tres  cuadros,  música  de  los 
mestros  Lleó  y  Baldomir,  estrenada  en  el  teatro  de 
la  Zarzuela. 


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